lluvia-ventana

You always come to me

La puesta de sol está dejando hoy un reguero de colores tenues no fáciles de definir.

Violet Sky — Angra

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Las grises nubes se unen a los escasos rayos que aún llegan, generando un tono que personalmente me atrevería a describir como violáceo. Si alguien me diera otra opción seguramente vería algo de cierto en ella, aunque en un primer momento me chocase. Los colores, como tantas otras cosas, nos parecen algo firme hasta que cierto día se desmoronan sin razón.

Cuando pienso en las gotas que repiquetean en la ventana, en el alféizar o allá abajo en la calle, me pregunto cuántas veces debe haberse usado esa expresión en la literatura. Reutilizada hasta la saciedad, incluso abusada, y aun así hay algo en ella que me evoca una sensación muy poderosa. De todas maneras, ¿cómo describir y transmitir mejor todo lo que significa estar bajo la seguridad de tu hogar mientras fuera caen chuzos de punta? A salvo de ese engorro, ropa mojada, caídas aparatosas, paraguas que luchan contra el viento, neumáticos que se aferran al asfalto.

Si es época de estar tapado con una manta mucho mejor. Pocas cosas son capaces de augurar tanto confort, tanta protección y tranquilidad; hay una tan obvia —sí, esa— que no creo que sea necesario reproducir aquí. Arrebujado, a salvo de todo ese caos exterior. El ajetreo, la lluvia, el frío, no te pueden alcanzar.

Y aun así los recuerdos me asaltan. ¿Cuántos otoños hace ya? Las estaciones se van sucediendo unas a otras, con pocas novedades observables a pesar de que todo el mundo quiera discurrir sobre ello. No hay hogar que me pueda defender de ellos, no existe fortaleza inexpugnable.

Una fecha señalada. Curiosas formas tiene el lenguaje de saltarte a la cara a veces. Señalada va a estar siempre, con una marca u otra, puede mutar con el tiempo, como una flor que se apaga con el frío y rebrota cuando se acerca el calor. Yo llevaba un ramo de las que me habían parecido más bonitas en la tienda. Siempre he pedido recomendaciones a los tenderos para estas cosas, pero aquel día lo había tenido claro, color, forma y tamaño; todo convergía en la expresión de una belleza tan palpable como efímera. Y así espera que fuera, como en tantas otras ocasiones, un día perfecto que compartir, en el que poder asociarnos libremente en nuestras historias particulares. Pero las flores no alcanzaron su destino, su marco se tornó sombrío, un rincón marchito. Una imagen que regresaba siempre en la misma fecha señalada.

Al menos, fuera, la lluvia podría lamer y confundir mis mejillas.


Si queréis leer más textos como este, consultad la sección Taller.

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