Reseñas

Un pescador del mar interior
Ursula K. Le Guin

Mi primer contacto con Ursula K. Le Guin fue un pequeño traspiés: he de confesar que Un Mago de Terramar se me hizo algo aburrido. Después de años y de haber leído bastante más de la autora sé que sucedió porque no era el momento para leerlo, en ocasiones es lo que hay, no estamos en nuestro momento adecuado para ciertas cosas. Sin duda, con el tiempo, la autora se ha convertido en uno de mis referentes más claros, no solo por su creación literaria. El libro que comento hoy lo encontré de casualidad en una librería de segunda mano y de camino a casa, mirando el móvil, descubrí que precisamente ese día la autora cumplía 86 años.

Un pescador del mar interior (A Fisherman of the Inland Sea, publicado en 1994 como tal, antes como Another Story) es una recopilación de varios escritos publicados en distintos medios (sobre todo revistas) entre los años 1990 y 1994 (uno es de 1983) e incluye una pequeña introducción de la autora; el libro fue publicado en 1994 originalmente y la traducción de Minotauro en 1996. La introducción es uno de esos textos que puede emocionar a cualquier fan de la literatura de género, pues es un elogio y defensa a la lectura del mismo. También ofrece su propia visión de la ciencia ficción y realiza un breve repaso de las obras incluidas; así que siguiendo este texto las comentaré.

«El primer contacto con los gorgónidos» y «El ascenso de la cara norte» son textos muy breves y de carácter humorístico que resultan bastante difíciles de clasificar. A pesar de que se basan estrictamente en el juego y el humor —la autora afirma que son chistes—, el primero ofrece algunas ideas interesantes mientras que al segundo no le hallé demasiado interés. «El querastión» es también un relato corto, extraído de una idea extraña que tampoco llega a decir mucho.

De «El sueño de Newton» y «La piedra que cambió las cosas» dice Le Guin que está «algo descontenta». El primero a mí me ha gustado bastante, la narrativa se centra en un juego psicológico con muchas posibilidades y la historia explora aspectos profundos de la naturaleza humana en medio de una situación de crisis de la humanidad, en la que unos supervivientes han de continuar adelante y dejar atrás la Tierra abordo de naves espaciales. Sin embargo, quizá la ejecución no consigue un efecto demasiado intenso. La segunda no está mal, pero quizá peca de simpleza o ingenuidad en un relato que trata de hablar sobre la libertad, el cambio y la rebelión.

Sin duda, los tres relatos restantes son el plato fuerte del libro. Los tres van hilados por la teoría del churten, la idea de que el transporte instantáneo es posible. Tanto «La historia de los shobis» como «Bailando hasta Ganam» hacen gala de técnicas narrativas excelentes para establecer una reflexión sobre las distintas perspectivas personales y colectivas, con juegos mentales en el primero, descolocando por momentos al lector; con una evolución de estos mismos en el segundo, que un lector activo sabrá ir entreviendo y disfrutará. En resumen, a pesar de tocar varios temas, hablan de los orígenes de las historias, de la narrativa misma y de cómo esta se moldea; también, sobre todo en el segundo, de cómo se emplean otras narrativas en el mundo (por ejemplo la histórica) y la necesidad de ser críticos y abiertos con ellas.

Por último, «Un pescador del Mar Interior» («Otro relato» originalmente) es una gran muestra de la visión más antropológica de la autora y la facilidad con la que diseña —y sobre todo, narra— sociedades complejas y distintas a las nuestras; porque siempre lo hace de una manera sencilla de entender y con elementos que permiten entrar en esos mundos de manera asombrosa (hay más ejemplos en el libro, pero destaco este por encima del resto). Además, la trama, entremezclada con la investigación del churten y los efectos del desfase temporal que conlleva el viaje próximo a la velocidad de la luz, me pareció de una emotividad intensa pero muy bien contenida. El detalle de que sea una especie de reescritura de la leyenda de Tarō Urashima lo hace bastante más cercano en mi caso, en ciertos aspectos hasta algo muy personal. En definitiva, el relato me ha encantado.

Para concluir, el recopilatorio es recomendable en su conjunto, pero para quien el resto de relatos comentados no les llame especialmente la atención, al menos los tres últimos sí merecen muchísimo la pena; a mí me ha gustado especialmente el relato que da nombre al libro, pero es recomendable leer los tres para una visión más completa y global de la teoría del churten y todo lo que la autora ha logrado narrar a través de ella.

Un mago de Terramar
Ursula K. Le Guin

Hoy puedo confirmar con seguridad lo que aventuré en la reseña de Un pescador del mar interior: cuando leí Un mago de Terramar (A wizard from Earthsea, 1968) no era el momento adecuado. Ya comenté en dicha entrada lo que opino de Ursula K. Le Guin, es un grandísimo referente para mí. Hace poco, al llegar a casa, no se me ocurría qué hacer hasta dormir y casualmente tenía bastante a mano dicho libro. En vista de la iniciativa Leo Autoras Octubre del interesante proyecto La Nave Invisible (quienes tratan de dar visibilidad a las autoras), me propuse darle otra oportunidad a la saga de Terramar, empezando por releer los primeros títulos.

En el archipiélago de Terramar, un mundo en el que la magia es habitual aunque solo algunas personas sean capaces de utilizarla (los magos, quienes apelan al nombre verdadero de las cosas para dominarlas); un joven descubrirá que posee el don y deberá abandonar su hogar para aprender a controlarlo.

Uno de los principales motivos que me han permitido una inmersión profunda en la lectura es su tono; y estoy convencido de que fue una de las características que me echó para atrás en su momento. A menudo emplea recursos que envuelven la narración de un indiscutible aire de relato oral, insertando las aventuras de Ged en una cierta épica, como si fuera una leyenda real de Terramar (y aunque pueda parecer una tontería nunca me ha gustado demasiado la sonoridad de Gavilán y Ged en castellano).

Sin embargo, la historia que se narra, aunque sea más bien sencilla, se aleja de las grandes gestas y aventuras del género —y sobre todo de la grandilocuencia— para dar lugar a un relato más intimista. Aquí quien importa es Ged, él y su lucha interior por llegar a convertirse en el gran mago que todos sabemos que será. Y la lucha no se debe a un conflicto entre el Bien y el Mal como en la fantasía de Tolkien, si no a la necesidad de hallar un equilibrio profundo y sustancial entre los distintos aspectos de la vida y la naturaleza.

Creo que en su momento leí con cierta prisa los viajes en barco de Ged, sobre todo en la parte final del libro, durante su huida, y eso no me permitió disfrutar todo lo que ofrece la novela. En esta relectura ningún pasaje se me ha hecho especialmente pesado, al contrario, a veces parece que la autora quiera sobrepasar algunos aspectos demasiado rápido para llegar a donde quiere; imprime la narración con un ritmo muy ágil, aunque en ocasiones también deje con ganas de más.

Otra de las cosas que más me han gustado de la voz narrativa es el cariño por el mundo y los personajes que lo pueblan. Sin llegar a adentrarse demasiado en la psicología de personajes secundarios (a veces ni siquiera en la del protagonista), las peripecias elegidas siempre retratan formas de vida distintas, alejadas entre sí, y sus costumbres se describen con una delicadeza asombrosa que te sumerge en su mundo sin apenas darte cuenta. Además, pese a lo poco esbozados que quedan, personajes como Ogion, Algarrobo, Milenrama o el irritante Jaspe resultan de lo más creíbles; y los tres primeros ensalzan valores indispensables en la obra como la sabiduría o la bondad.

Por último, un detalle que señala la propia autora en el prólogo de la edición que he leído esta vez (y es habitual en otras de sus obras): Ged no es un hombre blanco. Es curioso como esto no queda definido hasta avanzadas unas cuantas páginas, cuando se comparan lugareños de otras zonas del archipiélago y sus distintos tonos morenos de piel. Otra muestra más de que el libro en su momento de publicación era todo un golpe sobre la mesa respecto a convenciones del género fantástico y ficción en general.

En realidad, pese a que lo que comento en la introducción creo que es cierto (la adecuación del momento de lectura), el hecho de releer el libro creo que también ha influido en que mi valoración fuera más positiva hoy en día. Después de todo, ya sabemos lo que va a pasar en los cuentos que pedimos a nuestros padres que nos lean, conocemos las diferentes fases por las que pasan los protagonistas, y aun así queremos seguir escuchándolos; por muy previsibles e imperfectos que sean, porque es más importante que nos resulten cercanos y de alguna manera propios.

Algo así sucede con Un mago de Terrarmar, yo ya sabía que Ged mete la pata debido a su arrogancia, y que la magia y su poder, lo que más valoraba de sí mismo, es lo que provoca que deba huir de todo... pero volver al relato era tan emocionante como descubrir un nuevo nombre verdadero en la torre Solitaria y tan agradable como oír el rumor de las olas rompiendo en las orillas de Gont.

Los años de peregrinación del chico sin color
Haruki Murakami

Haruki Murakami tiene un estilo que me gusta. O mejor dicho, me engancha, me cuesta dejar de leer sus libros. Aunque a veces esto es más negativo que otra cosa, porque engullir una lectura tampoco me agrada especialmente, a veces querría poder tomármelo con más calma, espaciar los momentos en que me pongo a leer para disfrutarla más... Pero en este caso no puedo. Aquí trataré de hablar un poco de lo que me ha parecido una de sus novelas más recientes, que leí en apenas un par de días, Los años de peregrinación del chico sin color (título original 色彩を持たない多崎つくると、彼の巡礼の年, publicada en Japón en 2013, escrita por Haruki Murakami; traducida al español ese mismo año por Gabriel Álvarez y publicada por Tusquets), os dejo con mis impresiones sobre la historia de Tsukuru Tazaki, un hombre que se dedica a construir estaciones de tren.

We build Cathedrals to our pain

Establish monuments to attain

Freedom from all of the scars and the sins

Lest we drown in the darkness within”

Darkness Within, Machine Head

El primer hecho que se nos narra es el punto central de la novela: la crisis de soledad del protagonista debida al abandono de sus amigos de infancia. El punto temporal en el que se desarrollan los hechos de la trama principal es posterior, cuando Tsukuru tiene 36 años, pero en esta posición privilegiada, el principio de la narración, se nos presenta el momento crítico de su vida, lo que además da sentido a la obra.

El estado de profunda soledad en que queda sumido el chico sin color va mucho más allá de sentirse solo en términos de espacio físico, incluso más allá de sentir que no existen lazos que lo aten a otras personas. La ruptura es tan flagrante, de un rechazo tan intenso, que Tsukuru queda desamparado e incapaz de hacer nada para regenerarse y restablecer la capacidad de crear nuevos lazos con otras personas.

La herida es tan grave que después de muchos años, cuando trata por fin de unir su vida a otra de manera plena, reconoce que ha de volver a aquel hecho de su pasado para tratar de desterrarlo de sí mismo. Volver a aquel grupo de amigos y conocer la verdad de su cruel rechazo para así, tal vez, lograr una vida menos vacía.

Los constantes saltos temporales de la trama van hilvanando la historia de la vida de Tsukuru. Desde la felicidad debida a la intensa compenetración con el grupo de amigos de la infancia hasta esa mujer de su presente que percibe su bloqueo y le insta a resolverlo, hasta el camino que le ha llevado a ella, con su frágil amistad con Grey como hecho excepcional y, por último, el reencuentro con sus antiguos amigos.

En ese camino hay algo fundamental para Tsukuru, que él no llega a comprender, pero que le viene dado de la mano de Grey, y es en realidad muy importante para su recuperación: la música. Cómo no, en la obra de Murakami siempre hay alguna pieza musical que tiene bastante peso en la historia, hasta el punto en que articula la misma narración. El ritmo de la trama se asemeja al de la pieza del mismo modo en que Tsukuru se identifica con el Mal du Pays.

Escuchar «Années de pèlerinage, Book I; de Franz Listz interpretada por Lázar Berman» (en youtube en 23:53 empieza Le Mal du Pays, en spotify es un enlace directo a ese tema).

Los personajes se asocian a colores porque sus nombres o apellidos los contienen. Además, esos colores son parte de su caracterización (tienendo en cuenta las referencias culturales y simbólicas japonesas, claro). Así, Kuro (negro en japonés) es una chica seria y cínica, Shiro (blanco) es guapa y radiante, Aka (rojo) es inteligente y apasionado y Ao (azul) es atlético y simpático. Finalmente, en sus años de peregrinación, conoce a Grey, otro chico con un color, que se presenta como alguien muy complejo, manifestado varios tonos del color al mismo tiempo. Tsukuru, sin embargo, no tiene ningún color en su nombre, ni fonéticamente ni en kanji, lo que le produce cierto sentimiento de exclusión. Más adelante comprenderá que esa ausencia de color también tiene (y tenía) una fuerza tan o más importante. (Tsukuru en japonés significa construir).

En su conjunto, la novela tiene un aire más cercano a nuestra realidad, al estilo de Tokio blues (Norwegian Wood) o Al sur de la frontera, al oeste del sol, que el resto de obras de Murakami, en las que lo fantástico está más presente y tiene mayor peso. Aquí hay elementos fantásticos también, pero quedan más difuminados. Son menos, pero también hay que decir que esta sensación se deriva de que dichos elementos están encajados muy bien en la trama, cohesionados de una manera muy natural, orgánica, con el resto de elementos más «realistas». También hay una tendencia a hilvanar más las historias, la mayoría de ellas quedan más cerradas y se concretan más que en otras obras del autor, aunque también hay historias extrañas y aparentemente aisladas, como la del padre de Grey.

Estamos, pese a todo, frente a una historia bonita. Nos recuerda constantemente lo bien y lo mal que lo puede pasar el ser humano. No da un mensaje directo sobre los motivos por los que hay que luchar, ni tan siquiera habla explícitamente de que sea necesaria esa lucha, aunque podemos entender la visión que tiene Tsukuru durante toda la obra respecto a este tema. Pero yo me quedo con un sentimiento por encima del resto, motivo por el cual he escogido un fragmento de la canción de Machine Head para encabezar el artículo, y es la ayuda que nos puede aportar la música; la capacidad de la música de resonar en nuestro interior y acercarnos a todos esos miedos y dudas que tenemos escondidos para así poder enfrentarlos.

La fórmula preferida del profesor
Yoko Ogawa

Me topé casi por casualidad con La fórmula preferida del profesor (título original: 博士の愛した数式, Yoko Ogawa, 2003; traducida al español por Yoshiko Sugiyama y Héctor Jiménez Ferrer, publicada por Funambulista) y tras cotejar algunas opiniones me decidí a leerlo. Su lectura me ha producido sentimientos encontrados, el estilo me ha parecido destacable, igual que la trama en general, pero hay algunos elementos que no me han terminado de gustar.

La novela narra momentos de la vida de una mujer, madre soltera, centrándose casi por completo en una etapa en la que trabajaba como asistenta en la casa de un anciano profesor de matemáticas cuya memoria, a raíz de un accidente, no puede almacenar más de ochenta minutos. Me ha gustado bastante el estilo: ágil y directo, sin entretenerse en exceso en los detalles pero con los suficientes como para conseguir una visión completa de lo transmitido de forma amena.

Está muy bien el aire metafísico que adquieren las matemáticas en la trama, gracias al proceso de resolución de problemas —matemáticos, valga la redundancia— y la explicación de distintas teorías y curiosidades sobre la disciplina. En general bastante simples, pero sobre todo resulta interesante el poder que se les otorga al mostrarlas como causa posible de que cambie la visión del mundo de una persona, y por extensión de que cambie su vida; como hace la protagonista al aprender a relativizar sus problemas más cotidianos.

Los problemas de memoria del profesor resultan más un recurso para acentuar su excentricidad que otra cosa. A causa de su problema, durante los últimos años de su vida suple la desconexión con el mundo que sufre con las matemáticas, ya que las emplea como un lenguaje propio.

Lo que quizá me ha gustado menos es que el papel de la asistenta termina en un segundo plano. Ella es la narradora, pero a pesar de participar en el mundo y la historia parece que su cometido no vaya más allá de ser la excusa por la que se conocen el profesor y su hijo. Todo lo que hace es reverenciar el genio del profesor y soportar todo lo que este y su hijo le hacen. Los personajes no tienen nombre, solo el hijo un apodo, y este recurso difumina aún más su presencia en la narración. Sí, ya he comentado que experimenta cierto crecimiento personal, pero al lado de los otros dos personajes me ha parecido más bien pobre; igual ha sido mi lectura.

Porque la relación que queda más expuesta en el libro es la que se desarrolla entre el niño y el profesor. Se alcanza un afecto paterno filial en el que las carencias del profesor se alivian con conversaciones sobre béisbol y matemáticas, temas que sirven de nexo entre ambos. Y da la impresión de que la mujer participa más bien de lejos, en segundo plano, porque el vínculo con ella no se hace tan fuerte.

Una cosa concreta que mientras leía no me gustó pero después pude llegar a entender es la expresión «Cuaderno de Dios», algo que en nuestra cultura tiene un significado —o como mínimo reminiscencia— bastante obvio, pero que resulta ser recurrente entre los matemáticos. Aun así, su uso y contexto han impregnado mi lectura de una pátina religiosa innecesaria para mi gusto.

Para concluir, es una novela ligera y bastante corta, agradable de leer pero que los mencionados puntos menoscaban como experiencia completa. No obstante, la divulgación matemática y la visión filosófica que se le otorga a la disciplina es muy interesante, y es capaz de conmover con la manera de narrar las pequeñas cosas que influyen en las relaciones, así que cada cual puede decidir si le da una oportunidad o no.

Nunca me abandones
Kazuo Ishiguro

Quizá haya mucha gente que conozca el libro por la película, pero he de decir que, aunque el título me sonaba, no establecí la relación hasta que en una librería vi en la portada del libro a los actores. Una cosa buena del kindle: no siempre tienes una portada que te condicione respecto al contenido. (Nunca me abandondes se publicó originalmente el 2005 con el título Never Let Me Go escrita por Kazuo Ishiguro, la traducción corre a cargo de Jesús Zulaika, publicada por Anagrama).

Desde el primer momento, el lector ya puede intuir que algo no demasiado bueno se cuece. Y no hace falta avanzar mucho para ir comprobando poco a poco de qué se trata. Desde luego, el tema de los donantes está ahí desde las primeras páginas. Sin embargo, el autor manifiesta habilidad para ir dosificando a lo largo de toda la novela información más concreta más allá de lo general. Juega bastante con la ambigüedad hasta el punto de que sea difícil dar por cierto lo que parece obvio.

La obra está dividida, con acierto, en varias partes que señalan etapas diferentes y bien marcadas de la vida de los protagonistas. Por ejemplo, la primera parte engloba le educación primaria y secundaria. A pesar de esta estructura general, la narración constantemente ofrece saltos en el tiempo. Estos vaivenes están muy bien insertados en el discurso y aunque a veces se extienden bastante, la narradora retoma con destreza el hilo de una manera bastante natural.

Kathy se dedica a explicar cómo vivía en las distintas etapas de su vida al tiempo que se centra en escenas que considera más notorias, en general las que hablan de su relación con Tommy o Ruth, sus dos mejores amigos. También aparecen otros muchos personajes pero los nombrados, junto con Madame y algunos de los profesores, son los que quedan más representados. La amistad entre los tres personajes principales refleja una enorme profundidad y complejidad y al tiempo que habla de sí misma, desarrolla otros aspectos importantes de la trama.

Así, a través de la vida cotidiana de unos niños en un internado, unos jóvenes en una granja, y unos adultos que viajan de un lado a otro del país cuidando a otros como ellos hasta que empiezan las «donaciones», se entreteje la narración y se explica el mundo en el que viven. Ideas concretas van tomando forma clara en el transcurso, como el hecho de que son diferentes a la gente de fuera, que su trabajo ideal nunca llegará o que no pueden tener hijos entre otras cosas.

En la primera etapa no sorprende el desconocimiento que tienen los protagonistas acerca de sí mismos o de lo que en realidad son. Más adelante se hace incluso hincapié en lo mucho que les inculcaban las nociones de la futura vida que iban a tener, pero unos niños prefieren gastar el tiempo en otras cosas. El punto de vista de los niños y jóvenes es uno de los grandes pilares sobre los que se sustenta la ambigüedad antes comentada, ya que tratan los temas con una relatividad distinta de lo que lo hace un adulto. Como muestra está el «juego» en el que, cuando salen de viaje, se dedican a buscar «dobles» de ellos mismos.

Esto deriva en uno de los hechos que más me chocan como lector: la naturalidad y pasividad con la que todos se toman su propia condición; en todo momento esperaba que fuesen a hacer algo (quizá por estar acostumbrado a otro tipo de historias) al respecto. Es decir, al final tratan de mitigarlo, como mínimo retrasar el momento de «completar»... Pero cuando, después de la intensa charla de descubrimiento que prácticamente concluye la obra, se dan cuenta de que no pueden hacer nada, se quedan en eso, en que no pueden hacer nada por evitarlo.

Pero claro, esa es precisamente la gracia de la obra, ante la pasividad de los protagonistas de la historia, no queda otra opción que plantearse el porqué de esa pasividad, cómo se ha conseguido, cómo podría repararse... Y por qué alguien llegó siquiera a planear hacer algo así.

El Señor Nakano Y Las Mujeres
Hiromi Kawakami

En una época en la que podía permitirme de manera bastante alegre vagar librerías y llevarme casi siempre algo, mis pasos me llevaron en una ocasión hasta El cielo es azul, la tierra blanca (Sensei no kaban) y quedé encantado sobre todo con el tono de la voz poética. Así que más adelante seguí adentrándome en otras lecturas de la autora, en este caso voy a comentar El señor Nakano y las mujeres (2012, Acantilado; se publicó originalmente el 2005 con el título Furudogu Nakano shoten; escrita por Hiromi Kawakami, la traducción corre a cargo de Marina Bornas Montaña), una obra a medio camino entre la novela y un recopilatorio de cuentos, ya que narra una serie de escenas más o menos inconexas de la vida de una mujer .

Hitomi es una chica que trabaja en la tienda del señor Nakano, una prendería en la que se venden artículos de segunda mano de todo tipo. Allí trabajan también Takeo, un chico de su edad, y Masayo, la hermana del señor Nakano. Los capítulos toman el nombre de objetos representativos en la historia que se cuenta en el mismo. Y con su sucesión se va hilvanando el relato de la vida de Hitomi hasta que deja de trabar en la tienda.

Al local acude gente a vender y comprar artículos, gente de todo tipo, desde habituales que solo buscan platos antiguos porque salen muy baratos hasta apariciones esporádicas, como un hombre que quiere prestar (no vender) un cuenco porque necesita deshacerse de él por extraños motivos.

Con un estilo sencillo y directo, la autora nos deja entrever pequeños espacios detallados, caracterizando en el proceso una pequeña porción de Japón. Personas que no saben lo que quieren y no tienen ni idea de cómo averiguarlo, otras que saben lo que quieren pero no saben cómo hacerlo encajar en su vida y personas que son incapaces de expresar mediante el lenguaje lo que quieren transmitir. Prejuicios y convenciones que, como siempre han estado ahí, han de seguir siendo los moldes de la vida.

En general, si hay algo que caracterice las relaciones entre los personajes que aparecen en la obra es la falta de comunicación. No por falta de voluntad en la mayoría de casos, si no por algo más profundo que hace que ésta resulte imposible. La autora consigue esto de una manera magnífica, no es que los diálogos resulten absurdos o algo parecido, en muchas ocasiones lo que logra es que los silencios tengan un peso increíble en las escenas y las vidas de los personajes.

Todo esto viene acompañado del lirismo y las comparaciones curiosas habituales en la autora. En conjunto hace que acompañar a Hitomi, por muy frustrante que pueda resultar en ocasiones la dinámica de sus relaciones con los demás, merezca la pena. No por ver si consigue sacar algo en claro de si misma y de su lugar en el mundo, si no para ver los reflejos de lo que puede ser algo mucho más cercano.

Bartleby, el escribiente
Herman Melville

Herman Melville es generalmente conocido por su novela Moby Dick (1851), pero de entre el resto de sus obras sin duda destaca Bartleby, el escribiente (1853), un relato al cual se han dedicado infinidad de estudios con interpretaciones muy diferentes. El extenso número sin duda se debe a la ambigüedad de la obra, y por eso mismo no ha de tratar de buscarse que una sea mejor que otra. Como siempre digo, habrá lecturas que se acerquen más a la voluntad o idea del autor, pero lo importante es la que se forme uno mismo.

El relato cuenta la historia de un abogado (personaje principal y narrador) en su oficina en Wall Street. Se centra en la incorporación de un nuevo trabajador a la plantilla, Bartleby, aunque primero dedica una parte introductoria para definir de forma bastante breve al propio narrador y al resto de trabajadores del negocio. Pronto se percibe un punto surrealista en los personajes, ya que exhiben comportamientos bastante estrambóticos, pero ese aire va transformándose en algo más filosófico y profundo en los últimos compases del relato. Contraste que se aúna también con el referente a la precisa descripción del resto de personajes, tanto física como psicológica, frente a la escasa información que se ofrece del nuevo copista.

Cuando Bartleby empieza a trabajar allí se muestra como una persona reservada, de escasas palabras pero ejemplar en su faena de copista. Sin embargo, cuando su jefe le requiere de otra actividad que también forma parte del trabajo que ha de ejercer, Bartleby rehúsa, blandiendo la frase que hace famoso al relato: «preferiría no hacerlo» (I would prefer not to en el original). A partir de ese momento, la inacción del personaje irá incrementándose de manera desmesurada hasta el desenlace.

La piedra angular de la narración es la historia de Bartleby, sí, pero quizá más importante aún es la focalización del narrador. A medida que avanza el texto no descubrimos nada acerca de Bartleby, pero sí vamos introduciéndonos en la psicología del personaje que narra, ya que su mente es el cristal que posibilita al lector presenciar la historia. ¿Por qué permite durante tanto tiempo el rechazo de Bartleby? ¿Qué es eso que le conmueve de su nuevo copista? Por el misterio que envuelve a Bartleby, la imagen casi inhumana que se nos da de él y las dudas que infunde la figura del narrador, la lectura del relato es bastante abierta, a pesar de tener unos puntos bastante claros y definidos.

Quienes apelan a la biografía del escritor refieren a la mala recepción que habían tenido hasta ese momento sus obras y que el protagonista de este cuento es una suerte de manifestación de su frustración; de hecho Melville dejó de escribir (o publicar al menos) durante años, por lo que podría a ser una muestra de un mal de la escritura —o la actividad literaria— a superar. Una lectura mucho más superficial se puede quedar en una visión puesta en práctica del nihilismo más extremo; un tanto simplista quizá: la de alguien entregado a la nada, pero también haciendo caso a la posibilidad de que esté adquiriendo un significado mucho más profundo: remitiendo a una angustia trascendental del ser humano. Otra lectura más social podría hallar trazas importantes del núcleo de la obra en el contexto histórico—económico en el que se presenta y ubica la misma. Incluso todo se puede tomar simplemente como un espectáculo de lo absurdo, sin más. Y podría seguir, pero preferiría no hacerlo...

Por eso animo a leer Bartleby, el escribiente, da igual lo que esperéis de él y todo el rollo que yo pueda haber soltado (o que hayas leído en otro lugar), tal vez lo que os diga a vosotros es muy diferente, o tal vez no os diga absolutamente nada.

La Mitad Oscura —
Stephen King

Tengo un leve recuerdo de haber leído Carrie hace bastantes años, y me molestaba no recordar especialmente cómo resultaba leer a Stephen King. Me encanta la adaptación de El Resplandor de Stanley Kubrick y nunca me ha avergonzado explicar que (aunque me escudo en puntualizar que era muy pequeño) cuando vi la primera parte de la adaptación de It apenas pude dormir y no quise ver la segunda la semana siguiente. Así que hace un tiempo decidí subsanar esto y el libro elegido, por una recomendación, fue La Mitad Oscura (The Dark Half, 1989).

Thad Beaumont es un escritor que, pese a un inicio prometedor de su carrera se ve impedido por un bloqueo. Para superarlo decide probar suerte con un juego: escribir bajo un seudónimo. El método surte efecto, consigue escribir varias novelas que cosechan éxito, pero con un estilo distinto, muy visceral. Pronto deja de ser un juego inocente, Thad inventa una apariencia, una personalidad, un pasado e incluso unos hábitos para su alias George Stark y algunos de estos últimos se manifiestan en él, como el consumo de alcohol o el tabaco, y hacen su convivencia más difícil.

La novela se inicia con algunas escenas de la infancia de Thad. Las más importantes: una en la que germina su interés por la escritura y otra en la que los médicos descubren —anticipado por el sonido de gorriones alzando el vuelo— un tumor en su cerebro que, aunque es extraído satisfactoriamente, resulta ser los restos de un gemelo nonato. Después de esta presentación se inicia el grueso de la trama: Thad está intentando volver a escribir bajo su nombre y, como un periodista está a punto de desvelar el secreto de su seudónimo, sus editores ofrecen la exclusiva a una revista. Sin embargo, cierto tiempo después de la revelación empieza a morir gente relacionada con la publicación de la revista y con el fin de George Stark; lo peor es que las huellas de Thad se encuentran en las escenas de los crímenes... A partir de ese momento Thad busca la manera de hacer frente a la amenaza y proteger a su familia.

En cuanto al estilo, no puedo decir que sea lo que más me ha gustado. El afán realista (y) descriptivo se me hizo algo pesado en ocasiones, si bien reconozco que en algunos pasajes cumple su función con creces (sobre todo la de conseguir una mayor inmersión). El papel de Elizabeth en la trama tampoco me ha gustado, ya que funciona más como madre y esposa que como mujer o personaje autónomo en las no muchas actuaciones relevantes que tiene en la novela; y que se resumen básicamente en sentir miedo, apoyar a su marido y defender a sus hijos. Lo poco que se ahonda en su psicología es básicamente para sustentar lo anterior.

Por otro lado, ninguno de los otros personajes que aparecen en la trama, a excepción del comisario Pangborn, manifiestan mucha profundidad; pero están bien caracterizados y cumplen cierta función. Como por ejemplo los hijos de Thad y Elizabeth, que son gemelos de pocos años de edad, realizan los mismos gestos a la vez y a veces cuando uno se hace daño el otro también llora, lo que hace plantear a Thad lo posibilidad de un vínculo extraño entre ellos.

Thad y Stark sí quedan mejor representados, con multitud de detalles vinculados a la escritura, concepto importante que funciona como otro personaje más de la novela. Hechos como que stark necesite unos lápices determinados para escribir o que el proceso de escritura le consuma no se quedan como meros añadidos, si no que aportan cierta profundidad a la historia. Del mismo modo en que lo hace el simbolismo de los gorriones o los sueños de Thad.

El final sí me ha gustado porque la resolución es algo ambigua. Thad consigue lo que se propone, pero la advertencia que le dejan los psicopompos contiene muchísima fuerza, consiguiendo que el lector intuya que el futuro (no cubierto en la trama), no será muy apacible. De hecho leo en la Wikipedia, al escribir esta entrada, que algunos de los personajes aparecen en otras obras del autor, pero como no lo sé de primera mano...

Quizá el principal reclamo, como historia de terror es el componente fantástico, violento y sangriento que rodea a las escenas de George Stark; pero a mi modo de ver el elemento que tiene mayor peso es la reflexión sobre el proceso de escritura, y de los miedos y deseos de los seres humanos. Entre otras, la principal cuestión que plantea es la posibilidad de ponerse en la piel de otra persona para escribir, y por tanto pensar de manera distinta a la tuya. Idea que queda problematizada al tratar de responder si ese proceso es pura imaginación, invención, o es en realidad el acceso a una parte oculta u olvidada de uno mismo. O, incluso, si no son lo mismo ambas cosas.

Articuentos — Juan José Millás

Cuando hace años me regalaron este libro, conocía más bien poco de su autor, pero desde el primer momento me gustó bastante. Articuentos, editado por Fernando Valls, recoge una selección de artículos de periódico de Juan José Millás publicados entre los años 1993 y 2000. Unos artículos que como trata de definir el prólogo están a medio camino entre varios géneros, como el cuento, el periodismo crítico o la fábula, entre otros.

A causa de la naturaleza del género periodístico podría pensarse que no tiene mucho sentido leer estos textos años después, alejados de su contexto, con esta recopilación no sucede así. Los artículos nacen en su mayor parte de alguna noticia relevante en el momento de su escritura, pero la distancia frente a ese tiempo no empaña la lectura, pues su valor radica en otros aspectos, desde los más formales al contenido que rebasa el marco inicial.

Lo mejor que ofrece Millás es una voz propia consolidada, sus escritos mantienen un tono muy particular y personal. Puede situarse en contextos narrativos muy distintos, focalizar en personajes diferentes (a pesar de que acostumbra a crear un trasunto de sí mismo como narrador) y mantener una serie de elementos: una visión crítica, abundantes pinceladas irónicas y satíricas y una gran propensión a la reflexión. Y el toque que le considero más propio es el trato de lo cotidiano, así en general, porque siempre encuentra la vuelta de tuerca hasta a las cosas más habituales, a los detalles de lo diario, proporcionando nuevas formas de observar el mundo al lector.

Por lo general, los textos de este recopilatorio van de un tema concreto a algo más general. Las noticias que se remarcan suelen estar expuestas bajo una tela de denuncia. Pero los textos avanzan por derroteros muy distintos entre sí y suelen llevar a temas más generales, donde el afán crítico puede ser incluso más fuerte, y en ocasiones con la intención de provocar que el lector termine pensando en lo que queda por debajo (o por encima) de las cosas cotidianas que vivimos.

Otro de sus puntos fuertes es el juego formal, especialmente con la propia lengua, aparte de sus menciones a la escritura/lectura o la literatura en general, acostumbra a forzar el lenguaje, tanto a nivel de significados, modificando o planteándose expresiones, o con chistes derivados del puro juego de palabras. El dominio de las figuras retóricas, sobre todo las cercanas a la ironía, se hace patente en multitud de artículos.

Al tratarse de un número tan extenso de textos es normal que no todos tengan un nivel altísimo, pero haberlos haylos, del mismo modo que también los hay más flojos. Sin embargo, su naturaleza breve hace que la lectura global sea muy llevadera y en general deje un buen regusto.

Si alguien tiene interés en sus novelas (aunque para probar al autor nada mejor que alguna de las recopilaciones de artículos) recomiendo El desorden de tu nombre o La soledad era esto, que de las que he leído son las que más me han gustado; tal vez algún día publique una reseña. Pero como siempre digo, lo mejor es una muestra, así que ahí la dejo:

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